Tiempo

December 9, 2009 § Leave a comment

Y nos reunimos… los sabios, los tontos, orientados y despistados; los que asegurábamos ser y los perdidos. Todos nos reunimos, para fraguar un plan y ser felices, para derrochar – a más no poder –  plenitud y gozo. Alguien compró un pastel de arándanos; uno más, movido en emoción por la magnitud e importancia de la celebración, se decidió por una botella de champagne, cuyo sabor incierto y no tan espumoso hizo sospechar del origen de la bebida pero igual, y embriagados ya bastante por el momento, la disfrutamos igual.

Entonces, decía, nos reunimos y, habiendo juntado cada uno pedacitos de segundos, minutos y gracias a los más aventurados y atrevidos, unos tantos de horas, comenzamos la manufactura de lo que sería nuestro tiempo; tiempo que nos daría para beber y recostarnos sobre húmedos pastos, para tomar la tacita interminable de café, meneando sueños y esperanzas con la cucharilla envuelta en miel. Dicho tiempo no tendría duración aunque, sabíamos, duraría por siempre.

Así pues, tras maquinar diversas estrategias para dar forma a tan ambiciosa creación, con las manos llenas de costras de pegamento barato – y la consecuente diversión proporcionada al luchar por quitarlas sin deshacer la tan delgada y hermosa capa impresa de “rayitas” de la mano – nos dimos cuenta el gran fracaso que nuestra tarea había resultado. Recogimos entonces los globos de colores, los fastuosos adornos donados por la señora risueña de siempre, tomamos las últimas gotas del brebaje este extraño y caminamos a casa; los dientes, la pijama, la almohada que tose pequeñas plumas sobre mí, evocándome la nieve y la navidad así, comercial, que ahora se ve tanto.

Sí, qué buena fue la fiesta, aún cuando no se haya logrado la captura del bribón escurridizo. ¡Ah! Tiempos aquellos; hace ya dos noches y los recuerdo todavía. Quizá al final yo sí le atrape, de modo que ahora atesoro tiempo no conocido, tiempo mío y de otros, tiempo eterno. Nunca se sabe…

(Este textito fue originalmente escrito el 28 de Mayo de 2005, y ha sido subsecuentemente editado).

El Día en que te Fuiste

December 5, 2009 § Leave a comment

El día en que te fuiste los dientes de león huyeron contigo; se escaparon caprichosos cuál pillos. Esa tarde, las nubes anunciaban tu partida y la lluvia estática se contenía antes de verterse sobre tierra en repequitenates tamborileos, como voces en un coro haciendo preludio al acto estelar.

Ese día, cuando te fuiste y prometiste regresar, mi sonrisa a pesar de todo, se iluminó; perlas blancas parecían adelantar lo que un día veré cuando vuelvas por mí. Esa tarde vi a dos muchachitos corriendo, sus sandalias marcaban la tierra, sí, como las marcas que después vería sobre ti, pero aquellas pisadas se borraban apenas el viento las acariciase; las tuyas en cambio se alojaron muy adentro en mi corazón, aún me acompañan y de cuando en cuando echo de verlas y así tener un poquito más de ti, un poquito más cerca.

Aquella tarde era como cualquier otra, y sin embargo no. Tomé el trozo de pan y engullí el líquido que lo haría más sencillo de tragar. Oh, cuán dulce y suave se presentó entonces aquel austero mas exquisito bocado, mismo que me preparó la vista ante lo que enfrentaría; las mujeres susurraban y aquellos hombres que tantas veces me intrigaron lucían perturbados. Yo no comprendía y sin embargo algo muy dentro de mí se regocijaba. Mis ovejas me siguieron obedientemente hasta que les guardé. Entonces corrí mientras mis costillas resistían el esfuerzo, pero mi costado jamás se compararía a la visión que tuve del tuyo. Mamá pidió que no me acercase, papá ni siquiera comprendía, aun así estaba deseoso de ser tan valiente como tus camaradas, amigos y hermanos, sí, aún cuando hubiesen huido hacía apenas unas horas.

Cuando al fin llegué y las hordas de gente me impedían el paso, doblé mis rodillas y, raspones y todo, me abrí camino hasta el mero centro. Esperé y esperé, pero nada pasó… Permaneciste allí, fundiéndote con la creación alrededor, y mientras los más lloraban,s alguien cercano a ti se regocijaba en el profundo dolor.

Extendiste la invitación y aún en soledad la acepté. ¡Cuán glorioso el momento! Pensé entonces que quizás volvería todo a la normalidad cuando en realidad estaba siendo trastornado una vez y para siempre. Así fue que comprendí que debías irte pero volverías.

La noche en que te fuiste alguien preguntó, mientras miraba las estrellas brillando contra la negrura de los cielos – Entonces, ¿Quién era? ¿Qué era?
– Era un diente de león – respondí…  pues te atreviste a volar y desmembrarte para infundir tu misma esencia en cuanto ser pudieses; hecha la despedida y con el viaje planeado, me dejaste observando contra el horizonte la cadencia de tu vuelo. Me hiciste pensar y recordar que estaríamos de nuevo juntos.

Aquella tarde me hiciste un regalo color de escarlata. Y hoy, tiempo después, miro los jardines y praderas, valles y todo cuanto el verde anuncie y te busco; te busco porque me recuerdas y te recuerdo, porque volverás; esta vez, a compartir tu ligero y añorado vuelo.

Diente de león, cordero… mis perlas brillan, sé que en tu rostro se dibuja una sonrisa.

Algunos

November 30, 2009 § Leave a comment

Algunos de nosotros carecemos de pasados importantes, no vivimos al interior de contextos opulentos. Algunos de nosotros carecemos de experiencias, más allá de las que hemos tomado prestadas de otros. Algunos caminamos hacia el frente sin contar con el acolchado soporte del pasado que ha de investirnos de identidad.Nos sentamos en un banco en la escuela primaria, memorizamos nuestros números y nuestras letras y luego, de a poco, nos alejamos hacia un país distante, donde se pesca los domingos a la mañana, donde el sol no cae durante meses. Algunos nunca comenzamos, sólo transcurrimos; algunos enmudecimos y otros, atrevidos, lloramos silenciosamente mientras entre lágrimas y sollozos aprendimos la deshumanización, alienándonos de las soleadas tardes de abril, de los ventosos días de septiembre; nos internamos en el frío invierno de melancolía y añoranza para no regresar jamás. Empequeñecimos, nos acabamos, nos disolvimos.

Algunos, sólo algunos de nosotros, irrumpimos en aquellos seres tan extraños para robarles de sí mismos, depositar nuestras semillas y así ser advertidos. ¡Viles ladronzuelos! Ahora, ochenta estaciones después queremos regresar; lo demandamos y expresamos y vertimos en cada palabra y cada gesto. Permítannos regresar, anhelamos regresar.

En un pequeño bote, de proa desgastada y pintado en carmesí  (tonalidad de cuya existencia aún dudo) nos embarcamos. Las aguas son dulces y tranquilas, pero pesadas, largas, interminables; en ocasiones sin brizna de yerbajos, en otras pululantes de pececillos asquerosos, debiluchos. Habremos de remar, soportar el silencio, enfrentar el exilio.

Vamos pues, ¿Qué más queda por hacer? Ha sido mucho el tiempo a esperar. Es momento de regresar.

y monté mi bicicleta roja…

November 30, 2009 § Leave a comment

Y monté mi bicicleta roja…

Un día deduje que las nubes me esperaban, y los campos verdes estaban frescos, cubiertos por rocío, aguardando por mis pies que los estrujasen. Resolví que la marea era bastante fuerte y las olas estruendosas, y el olor a sal demasiado penetrante – sobremanera – para quedarme sentada, inmóvil. Entonces le mire, cromada y brillante, vacía y dispuesta, tan hermosa.

Y así monté mi bicicleta roja, recorrí lugares, canciones y memorias. Pedaleé tan fuerte que los pies se me llagaron; sangre fresca, pegajosa, corría por entre los dedos, regando semillas, alimentando cosechas, pero no paré. Mi bicicleta roja me llevaría a donde jamás había llegado, a donde tantas noches alentada por furiosa imaginación, me atrevía a volar, cruzando las cercas y derribando los muros.

Entonces, una escala en un pequeño pueblo. Compré unos suecos de madera clara, un par de monedas, hogaza de pan, mermelada dulcísima. Continué mi recorrido, me descalcé  los bonitos suecos (resultaron esorboos). Monté de nuevo, solté las manos. Esta vez, en gran arriesgue, navegaría bajo la dirección del viento dejándole timonear el par de ruedas de mi armatoste; nada me detendría.

Luego, una escala más, un perrito escandaloso y una memoria. El equipaje comenzaba a acumularse en la parte trasera; momento de descargar. Por fin, al pie de una costa desaté los cordeles, y de a poco, paquetitos y bolsas de papel; listones hermosos y mugrosos envoltorios, cayeron todos por igual. De nuevo allí me esperaba, ligera y sencilla, para emprender el recorrido de nuevo.

Intenté técnicas y estrategias, modos de andar y parar. Busqué para ella un nombre y personalidad, le até hilos de azul y púrpura que acariciaban el viento cosquilleando; vi mi reflejo en espejos de agua, comí del trigo nuevo a orillas del camino. Dormí sobre arenas calientes exhalando, en susurros, el vapor que el sol de medio día armoniosamente habría canturreado sobre ellas horas atrás.

Pedaleé, mucho, por largo tiempo. Pedaleo, aún no llego, hay sed y hay sudor; hay cansancio y también cortas carcajadas que de cuando en cuando escapan. Y aún le veo bella, brillante y sencilla, a ésta, mi bicicleta roja. Mas caigo en cuenta, tan hermosa y motivo de deleite como es, es también su hacedor. ¿Dónde estás hacedor?, ¿Cuándo te veré? ¿Conoceré alguna vez el artificio de tus manos? ¿Me dirás cómo fue la noche en que dejaste la bicicleta frente a mi puerta? Se me antoja estrellada, con grillos entonando su canción, brisa de verano bañando las costas y risas de pequeños a lo lejos. Harto hermosa en verdad. Mas, ¿Fue en verdad como en el imaginario? Apuesto que aún más bella.

Hacedor, dime; habla y callaré. Mientras tanto, montaré mi bicicleta roja trazando círculos, levantando mis manos y así me verás. Llevaré mi bufanda al cuello y los pies desnudos, y voltearé al cielo, esperando verte. Sé que te veré; mírame tú.

Amor… “to love or not to love?”

November 23, 2009 § 1 Comment

¿Amor? Pregunta eterna. “To love or not to love?”, esa es la cuestión, o acaso la pasión, impulsora, dominante. Y es que si como motor se le considera, menester es preocuparse que ande siempre en marcha; hacia atrás, hacia adelante, al interior o al infinito; aún más, cuidado ha de tenerse que su sendero recto cuál la vida espera no sea, pero se desdibuje entrecruzándose con las vertientes que Él mismo ofrece perdiéndose a momentos, reencontrándose para ser inserto en el ambiente que le ha generado, que le construye, desmorona y mitifica; que desnudo el pecho le descubre, extorsionándolo para obtener de él la última gota, el último suspiro y poema de amor que derrocha la dulzura con férreo desperdicio, cuál si no hubiera mañana, ignorando los tiempos de guerra y  abstención.

Así es, guerra digo y no  es equívoco ni he perdido el móvil de este desparrame de letras a propósito. ¿No es acaso que en las guerras se lucha con todo lo que se tiene, y más, con lo que se carece, a fin de no sucumbir al enemigo? ¿Por qué entonces permitimos que este tan astuto bribón, que se hace llamar melodiosamente amor, nos desarme cada vez, arrastrándonos a la prisión de su encanto, de su llanto?

No es que sea ligero y bondadoso, no es que regale el gozo y la dicha al por mayor. Al contrario, lo exige todo, lo niega todo y lo consume con la fuerza del mismo fuego que de él emana. Y sin embargo, al final me abrazo de sus llamas, me pierdo en su mirada y aventuro sin quejarme a este encierro, a la esclavizante travesía diaria que ha de conducirme a la perdición… Y si perdida al fin, qué más da encontrarle solución a esta inquietante sinrazón en medio del tan temido recurso – como sombra agazapado tras de la canción y el poema, la carta y el corazón estrujado – que alza bandera blanca, la rendición…

Si estuviese más lejos

November 15, 2009 § Leave a comment

… Si estuviese más lejos pediría embarcarme en el navío de memorias, para surcar suavemente las aguas y llegar hasta tu presencia, y si más cerca, simplemente deslizarme hasta tu sueño en medio de fragancias que evocasen el principio, de lo que fue y lo que pudo ser, y lo que afortunadamente no fue…

Si estuviera en el bosque rogaría por árboles que me tomasen entre sus copas, balanceándome rítmicamente, transformándome en uno de ellos para comprender la esencia misma de lo creado, comprender que nada escapa de control; y si acaso la fortuna tocase a mi puerta, arrastrándome en olas de apabullante verdor, salpicadas del azul de tu mirada, entonces pediría refrescarme en la consistencia de la sorpresa, aquella que acecha bajo mares de infinita belleza, desbordantes de expresiones; expresiones de tus múltiples facetas, cada una declaración poderosa de majestad.

Todo esto haría y aún más pediría… Pediría la vista de un valle para recordarme de fronteras, impuestas y derribadas, de modo que ambas me fuesen familiares, familiarmente útiles para encumbrar sueños; pediría la amplitud de los cielos para regocijarme en el capricho de nubes amontonadas al igual que mis carcajadas; los arroyos para beber, los ríos para luchar, los mares para rendirme ante la vastedad. Pediría las praderas para danzar, junto al trigo retozar y como él, moverme sólo por el viento.

Si pudiese, si tan solo pudiese, pediría las arenas del desierto para callar… y callando, aguardando y hundiéndome en el lugar escondido, llamar, clamar, reír, estallar en plenitud hasta inundar tu corazón.

Si pudiese, si sola y únicamente pudiese, dejaría de ser para serlo todo, de tener para adquirir espacio; devpedir para recibir la gracia de tu petición, aquella que has hecho por tener mi corazón.

Si pudiese, si quisiese, si lo hiciese…  Cambiaría el “si” por el presente, por lo presente; por tu presencia

Where Am I?

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